SANTA MISA EN LA FIESTA
DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO
DEDICACIÓN DE LA SANTA IGLESIA CATEDRAL
DE LA DIÓCESIS DE SAN PABLO APÓSTOL
PRESIDIDA POR EL EMMO. SR. CARD.
KEVIN MIRANDA
26 ENERO 2025
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RITOS INICIALES
Entrada en la iglesia
Todos se congregan delante de la puerta de la Iglesia Catedral.
El celebrante:
La gracia y la paz estén con todos ustedes, en la santa Iglesia de Dios.
℟. Y con tu espíritu.
El celebrante:
Llenos de alegría, queridos hermanos, nos hemos reunido para dedicar
una nueva iglesia, con la celebración del sacrificio del Señor.
Participemos activamente, oigamos con fe la palabra de Dios, para que
nuestra comunidad, renacida en la misma fuente bautismal y alimentad
en la misma mesa, crezca para formar un templo espiritual y, reunida
junto al mismo altar, aumente su amor cristiano.
El celebrante recibe la mitra y el báculo e invita al pueblo a entrar en la iglesia:
Entrad por las puertas del Señor con acción de gracias, por sus atrios
con himnos.
Después, detrás del crucífero, el obispo y los demás entran en la iglesia.
El coro:
℟. ¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. ℟.
Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. ℟.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». ℟.
Bendición y aspersión del agua
Terminado el rito de entrada, el celebrante bendice el agua para rociar al pueblo en señal de
penitencia y en recuerdo del bautismo, y para purificar el nuevo altar.
Los ministros llevan el agua al celebrante, que está de pie en la cátedra. El celebrante invita a todos
a orar:
Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor esta casa,
supliquémosle que bendiga esta agua, creatura suya, con la cual seremos
rociados, en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual
se purificarán los muros y el nuevo altar. Que el mismo Señor nos ayude
con su gracia, para que, dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido,
permanezcamos fieles en su Iglesia.
Y todos oran, por unos instantes, en silencio.
El celebrante:
Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida,
que tanto amas a los hombres
que no sólo los alimentas con solicitud paternal,
sino que los purificas del pecado con el rocío de la caridad
y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza;
y así has querido, en tu designio misericordioso,
que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal,
mueran con Cristo y resuciten inocentes,
sean hechos miembros suyos y coherederos del premio eterno;
santifica con tu bendición ✠ esta agua, creatura tuya,
para que, rociada sobre nosotros y sobre los muros de esta iglesia
sea señal del bautismo,
por el cual, lavados en Cristo,
llegamos a ser templos de tu Espíritu;
concédenos a nosotros
y a cuantos en esta iglesia celebrarán los divinos misterios
llegar a la celestial Jerusalén.
Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.
El celebrante, acompañado por los diáconos, rocía con agua bendita al pueblo y los muros de la
iglesia, pasando por la nave de la misma; de regreso al presbiterio, rocía el altar.
El coro:
1. Vidi aquam egredientem de templo, a latere dextro, alleluia: Et omnes, ad quos pervenit aqua ista, salvi facti sunt et dicent, alleluia.
2. Confitemini Domino, quoniam bonus: quoniam in saeculum misericordia ejus.
3. Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
Después de la aspersión, el celebrante regresa a la cátedra y, terminado el canto, dice, de pie:
Dios, Padre de misericordia,
esté presente en esta casa de oración
y, con la gracia del Espíritu Santo,
purifique a quienes somos templo vivo para su gloria.
℟. Amén.
Gloria
El celebrante:
¡Gloria a Dios en el cielo!
El coro:
El coro:
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo, en la Gloria de Dios Padre.
Amén.
Oración colecta
El celebrante:
Oremos
Dios nuestro, que adoctrinaste al mundo entero con la predicación del apóstol san Pablo, concédenos que, caminando hacia ti siguiendo el ejemplo de aquel cuya conversión hoy celebramos, seamos testigos de tu verdad en el mundo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores se acercan al celebrante. El celebrante, de
pie y con la mitra puesta, toma el leccionario, lo muestra al pueblo y dice:
Resuene siempre en esta casa la palabra de Dios,
para que conozcáis el misterio de Cristo
y se realice vuestra salvación dentro de la Iglesia.
℟. Amén.
Luego, el obispo entrega el leccionario al primer lector. Y los lectores y el salmista se dirigen
al ambón, llevando el leccionario a la vista de todos.
Primera lectura
El lector:
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 22, 3-16
En aquellos días, Pablo dijo al pueblo: “Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié aquí, en Jerusalén; fui alumno de Gamaliel y aprendí a observar en todo su rigor la ley de nuestros padres y estaba tan lleno de fervor religioso, como lo están ustedes ahora. Perseguí a muerte a la religión cristiana, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos.
Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y me dirigí hacia allá en busca de creyentes para traerlos presos a Jerusalén y castigarlos. Pero en el camino, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ Yo le respondí: ‘Señor, ¿quién eres tú? ’ Él me contestó: ‘Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues’. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Entonces yo le dije: ‘¿Qué debo hacer, Señor? ’ El Señor me respondió: ‘Levántate y vete a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer’. Como yo no podía ver, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano hasta Damasco.
Allí, un hombre llamado Ananías, varón piadoso y observante de la ley, muy respetado por todos los judíos que vivían en Damasco, fue a verme, se me acercó y me dijo: ‘Saulo, hermano, recobra la vista’. Inmediatamente recobré la vista y pude verlo. Él me dijo: ‘El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad, vieras al Justo y escucharas sus palabras, porque deberás atestiguar ante todos los hombres lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo, reconoce que Jesús es el Señor y queda limpio de tus pecados’ ”.
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial
(Salmo 116)
℟. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
1. Que alaben al Señor todas las naciones, que lo aclamen todos los pueblos. ℟.
2. Porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. ℟.
Segunda lectura
El lector:
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas: 1, 11-17
Hermanos:
Quiero que sepan que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano, pues yo no lo recibí ni lo aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.
Ya saben cómo me comportaba antes en el judaísmo: perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios y trataba de destruirla. Aventajaba en el judaísmo a muchos de mis contemporáneos, mostrándome extremadamente celoso de las tradiciones de mis padres.
Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los paganos, no consulté entonces con ningún hombre, ni subí a Jerusalén para ver a los apóstoles antes que yo, sino que me fui a Arabia y luego regresé a Damasco.
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
(Jn 15, 16)
℟. Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.
℟. Aleluya, aleluya.
Evangelio
Para el evangelio no se llevan ciriales ni incienso.
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espiritu.
Del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-18
℟. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.
Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
Credo
El coro entona el credo.
ORACIÓN DE DEDICACIÓN Y UNCIONES
Letanías de los santos
El celebrante:
Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, quien de los
corazones de los fieles ha hecho para sí templos espirituales, y juntemos
nuestras voces con la súplica fraterna de los santos.
El diácono dice:
Pongámonos de rodillas.
Pongámonos de rodillas.
El coro entona las letanías y la asamblea responde.
Acabadas las letanías, el celebrante se pone de pie, y dice:
Te pedimos, Señor,
que, por la intercesión de la santa Virgen María
y de todos los santos,
aceptes nuestras súplicas,
para que este lugar que va a ser dedicado a tu nombre
sea casa de salvación y de gracia,
donde el pueblo cristiano,
reunido en la unidad,
te adore con espíritu y verdad
y se construya en el amor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.
El diácono dice:
Pueden levantarse.
Colocación de las reliquias
El celebrante recibe la mitra.
El celebrante va al altar. Un ministro lleva las reliquias al celebrante, quien las coloca en el sepulcro
preparado para recibirlas.
Oración de dedicación
Hecho lo anterior, el celebrante, de pie y sin mitra, junto a la cátedra, dice en voz
alta:
Oh Dios, santificador y guía de tu Iglesia,
celebramos tu nombre con alabanzas jubilosas,
porque en este día tu pueblo quiere dedicarte, para siempre,
con rito solemne, esta casa de oración,
en la cual te honra con amor,
se instruye con tu palabra
y se alimenta con tus sacramentos.
Este edificio hace vislumbrar el misterio de la Iglesia,
a la que Cristo santificó con su sangre,
para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria,
como Virgen excelsa por la integridad de la fe,
y Madre fecunda por el poder del Espíritu.
Es la Iglesia santa, la viña elegida de Dios,
cuyos sarmientos llenan el mundo entero,
cuyos renuevos, adheridos al tronco,
son atraídos hacia lo alto, al reino de los cielos.
Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres,
el templo santo, construido con piedras vivas,
sobre el cimiento de los Apóstoles,
con Cristo Jesús como suprema piedra angular.
Es la Iglesia excelsa,
la Ciudad colocada sobre la cima de la montaña,
accesible a todos, y a todos patente,
en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero
y resuena agradecido el cántico de los bienaventurados.
Te suplicamos, pues, Padre santo,
que te dignes impregnar con santificación celestial
esta iglesia y este altar,
para que sean siempre lugar santo
y una mesa siempre lista para el sacrificio de Cristo.
Que en este lugar el torrente de tu gracia
lave las manchas de los hombres,
para que tus hijos, Padre, muertos al pecado,
renazcan a la vida nueva.
Que tus fieles, reunidos junto a este altar,
celebren el memorial de la Pascua
y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo.
Que resuene aquí la alabanza jubilosa
que armoniza las voces de los ángeles y de los hombres,
y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo.
Que los pobres encuentren aquí misericordia,
los oprimidos alcancen la verdadera libertad,
y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos,
hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
El coro y la asamblea:
Amén, Amén, Amén.
Unción del altar y de los muros de la iglesia
El celebrante se retira la casulla y se coloca el gremial. Se acerca al altar junto con cuatro ministros que ungirán los muros de la Iglesia. Otro ministro lleva el Santo Crisma,
El celebrante, de pie, con mitra, ante el altar, dice:
El Señor santifique con su poder
este altar y esta casa que vamos a ungir,
para que expresen con una señal visible
el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Luego, vierte el crisma en el medio y en las cuatro esquinas del altar, y, despues unge toda la mesa.
Una vez terminada la unción del altar, el celebrante regresa a la catedra.
Los cuatro ministros ungen los muros de las paredes.
Mientras tanto el coro entona un canto adecuado.
Incensación del altar y de la iglesia
Se coloca sobre el altar un brasero. El celebrante coloca incienso en él, diciendo:
Suba, Señor, nuestra oración
como incienso en tu presencia
y, así como esta casa se llena de suave olor,
que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo.
Entonces, el celebrante echa incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego, vuelve a la
cátedra, es incensado y se sienta. Los ministros, pasando por la nave de la iglesia, inciensan al
pueblo y los muros.
Mientras tanto, cl coro entona un canto adecuado.
Iluminación del altar y de la iglesia
Un ministro se acerca al celebrante, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido diciendo:
Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad.
Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad.
El celebrante se sienta. El ministro va al altar con el cirio, se reviste el altar y se encienden las velas.
LITURGIA EUCARÍSTICA
El coro entona el canto de ofertorio.
No se vuelve a incensar el altar.
El celebrante:
Oren, hermanos,
para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
para nuestro bien
y el de toda su santa Iglesia.
Oración sobre las ofrendas
El celebrante:
Al celebrar estos divinos misterios, te suplicamos, Señor, que el Espíritu Santo derrame sobre nosotros la luz de la fe que iluminó al apóstol san Pablo para propagar tu gloria sin descanso. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
Prefacio
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espiritu.
Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
℟. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso,
Pastor eterno.
Porque no abandonas nunca a tu rebaño,
sino que por medio de los santos Apóstoles
lo proteges y conservas,
y quieres que tenga siempre por guía
la palabra de aquellos mismos pastores
a quienes tu Hijo dio la misión
de anunciar el Evangelio.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
El coro:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna. en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Plegaria Eucaristica I
o Canon Romano
El celebrante:
Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas ✠ estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con el Papa Pio, mi hermano Ulises, obispo de esta Iglesia de San Pablo y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
CC1:
Acuérdate, Señor, de tus hijos.
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
Y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
CC 2:
Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
El celebrante:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
El celebrante y los concelebrantes extienden las manos sobre las ofrendas, y dice:
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
El celebrante:
Por eso, Padre, nosotros, tus servidores, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
El celebrante se inclina y dice:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición
CC 3:
Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
CC 4:
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires, Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
El celebrante:
Por Cristo, Señor nuestro. Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.
El celebrante:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
El celebrante:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
El celebrante:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
El celebrante:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, el diácono añade:
Dense fraternalmente la paz.
Cordero de Dios
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz, Danos la Paz, danos la paz
El celebrante:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El coro entona el canto de comunión.
Oración después de la comunión
El celebrante:
Oremos
Oremos
Señor, Dios nuestro, los sacramentos que hemos recibido fortalezcan en nosotros el fuego de la caridad que encendió con ímpetu al apóstol san Pablo, para tomar sobre sí el cuidado de todas las Iglesias. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
El celebrante:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espiritu.
Dios, Señor del cielo y de la tierra,
que los ha congregado hoy
para la dedicación de esta iglesia,
multiplique sobre ustedes las bendiciones del cielo.
℟. Amén.
Él, que quiso reunir en su Hijo a todos los hijos dispersos,
haga de ustedes templo suyo y morada del Espíritu Santo.
℟. Amén.
Para que así, felizmente purificados de toda mancha,
puedan tener en ustedes a Dios como huésped
y poseer, con todos los santos,
la herencia de la eterna dicha.
la heredad del reino eterno.
℟. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre ✠, Hijo ✠, y Espíritu ✠ Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca siempre.
℟. Amén.
El diácono:
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
